Estaba allí, pensando qué hacer, las cosas no iban bien, pero tampoco iban mal. Sentía cómo mi corazón latía fuertemente de alegría y diez segundos después sentía como éste se ahogaba en el dolor. Estaba desequilibrada. Él, mi última compañía, mi última relación, me había dejado en un estado de inestabilidad, desastroso. Tuve un momento de paz, no sentía nada. Pero esa paz no duraría mucho. Noté una presencia, algo familiar, subí mi mirada y pude ver unas sombras recortándose en el camino que conducía hasta la playa, donde yo esperaba alguna respuesta. La tenue luz de la luna no era suficiente y no podía distinguir bien quiénes eran aquellas personas, hasta que vi que uno, el más alto, sonreía. Y mi mundo se paró. Aquella sonrisa. Esa sonrisa malévola que nunca me dejaría descansar. Ezequiel.
Tuve ganas de salir corriendo, huir. Pero no pude hacerlo. Ezequiel tenía algo para mí, algo a lo que yo no podía renunciar. Mijaíl.
Horrorizada vi cómo otros dos hombres lo arrastraban y el pelo, aquel hermoso pelo azul cubría el rostro de mi amor. Le dejaron de rodillas en el suelo y le inmovilizaron. El viento se encargó de apartar el pelo de su cara y vi que estaba amordazado. Sus ojos, los perfectos ojos de Mijaíl, miraban al vacío, como si estuviera hipnotizado.
- Tenemos mucho de qué hablar - dijo Ezequiel mientras apretaba con fuerza el filo de una daga y su sangre cubría la hoja de plata.
Acto seguido abrió la mano y de su palma no dejaba de brotar sangre. Llevó la herida a su boca para teñir sus labios con aquella sangre maldita. Se abalanzó sobre mí y me apretó la cara con su mano ensangrentada, podía sentir su herida en mi barbilla, y su sangre bajando por mi cuello; podía sentir cómo me quemaba, su sangre hervía como ríos del averno.
Desde ese momento no logro recordar nada, desperté en esa misma playa, con un horrible vacío en el pecho y una herida ya cicatrizada. Ezequiel me había arrancado el corazón, así nunca podría amar, sentir compasión o empatía. Así nunca nadie se acercaría a mí. Así algún día, desesperada, le suplicaría que se llevara mi alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario