Puedes irte. Marchar realmente lejos. Puedes dormir con toda mujer que caiga bajo tus encantos. Puedes derrochar todo tu dinero, todo tu tiempo, vivir en el libertinaje, tal como has hecho a lo largo de estos años. Puedes dejarme aquí, abandonada. Puedes vivir tu vida sin tenerme en cuenta. Puedes engañar, chantajear, extorsionar. Puedes ser realmente retorcido. Puedes derramar lágrimas y toda tu ira en soledad, maldecir mi persona y mis intentos de huir de ti. Puedes reír y llorar de placer. Puedes amar o amarme a mí de la misma manera que puedes odiar u odiarme a mí. Puedes ser realmente tierno. Puedes ser un diablo. Puedes enseñar al mundo la simpatía que guardas detrás de tu singular sonrisa. Puedes ser feliz en otros brazos. Puedes caer tan bajo que no seas capaz de levantarte. Puedes ser odiado por todos o amado por muchos. Puedes olvidarte de mí. Puedes tejer telarañas con mentiras para seducir a cien mujeres. Puedes seducirme a mí con toda la verdad que guardan tus ojos. Puedes cortar las venas que te mantienen vivo. Puedes mentirme. Puedes hacerme daño. Puedes hacerme reír. Puedes hacerme mil promesas que jamás cumplirás. Puedes pedírmelo todo sin darme nada. Puedes hacer todo esto y más.
No me importa.
Yo siempre aferraré tu mano cada vez que decidas volver. No estoy diciendo que mi corazón te pertenezca. No estoy poniendo mi alma a tus pies. Sólo digo que eres mi familia. La única familia que me queda.
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